octubre 28, 2009

otra vez con el cuento de la edad...

Este fin de semana recién pasado tuve la oportunidad de visitar la Patagonia. En específico un sector muy cercano a las Torres del Paine. No hay palabras que me ayuden a describir lo que se siente estar en la zona. Lo pasé muy bien y sin duda incitaría a todos quienes pudieran, a que se tomen el tiempo de hacer este viaje.
Desafortunadamente, lo hice solo. Es decir, sin ningún miembro de mi familia, ni amigos. Fue una especie de viaje de trabajo, en el que también participaron algunos colegas de otros medios.
Aunque traté de divertirme todo lo que más pude, inevitablemente parte de lo vivido allí me llevó a reflexionar sobre el momento de la vida en que me encuentro.
Está bien. Tengo una familia linda. Soy feliz. Un hijo que juega todos los días conmigo. Y todas esas cosas que muchos de ustedes saben. Con problemas, muchos, al igual que todo el mundo no más. Pero ahora, hice también click en otra cosa. Estoy viejo. Y con eso no tengo nada qué hacer.
Estoy a punto de cumplir 33 años, pero aparento mucho más. Gordo, pesado (más que nunca), odioso y muy serio. Bueno, todo esto no es novedad. Lo que sí me tiene realmente impactado es que me miré en una foto que me sacaron en el lugar y no me reconocí. Ví una persona muy distinta a mí. Sin pelo.
Aterricé de golpe con eso de que ya nada será como antes. En este viaje andaban puros periodistas jóvenes, vigorosos, con harto carrete por delante, hablando de fiestas, copete y drogas... y yo ya estoy en una etapa muy distinta, con otros sueños y otros problemas. Me sentí raro. Distinto. Como si tuviera una enfermedad con la que nadie quisiera toparse. Fue una sensación muy extraña. Tan incómoda, que a veces preferí conversar con la gente más vieja que trabajaba en este lugar, con quienes me sentí más acompañado.
Bueno, de todo lo que he dicho, lo de pelao, es lo que más me tiene afectado. Sabía que este momento iba a llegar, pero lo estaba echando al olvido. Tanto que me ha costado aceptarme a mí mismo, y ahora más encima empezar todo de nuevo. No hay derecho.
Lo peor de todo es que dicen que los pelaos tienen plata y fortuna, y ese no es mi caso tampoco. Al contrario, me lleno y me lleno de deudas que no se acaban. No sé hasta dónde llegará todo esto.

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