diciembre 28, 2009

Siempre hay tiempo

Mientras venía al trabajo en la mañana pensé que ya era tiempo de hacer mi acostumbrado balance anual. Obvio. Es un ritual que hay que hacer todos los años.
Me puse a pensar en el estilo que quería impregnarle este año.
No quería que fuera un recuento como el último que hice, porque tal vez no haya evolucionado tanto como habría querido.
Me lo plantee más bien como un listado de las cosas que quiero hacer y que todavía no hago. No sé por qué, pero en los últimos días he estado pensando harto en esto de que ya estoy como en la mitad de mi vida. Y aunque he hecho muuuuuuchas cosas, hay hartas que todavía me falta. Así que me propuse hacer un recuento de las más importantes. Para que no se me olviden.
Total. Dicen que “siempre hay tiempo”, para hacer, decir, o terminar cosas que hemos dejado en el camino. Ojalá el que me queda me alcance para todo esto.

-Me gustaría ir al campo y recostarme debajo de un sauce llorón. Con un pequeño riachuelo corriendo lento, como cuando era niño, y dormir profundamente.
-Me gustaría ver amanecer, pero al revés. Que el sol salga por el lado del mar y no que se esconda por ahí.
-Me gustaría vivir una Navidad con nieve, un árbol natural muy grande adornado y una chimenea encendida. Con olor a cocina de campo.
-Quiero tener más hijos. Ojalá uno o dos más. Y que por lo menos una sea mujercita. Seríamos compinches.
-Operar mi nariz para que ya nunca más ronque y no moleste a nadie. Que no lo hago a propósito. Es un defecto de fábrica.
-Aprender a nadar. Pero me da pánico.
-Me gustaría cambiar mi estilo de vida y ser un poquito menos gruñón. No sé si se lo logre, porque varias veces me lo he propuesto, pero a veces no puedo evitarlo.
-Cumplir con la luna de miel. Quedamos en que cuando pudiéramos iríamos a Cartagena de Indias. Han pasado cinco años y todavía no hemos podido.
-Viajar a Egipto (sueño de la Mariela) y Grecia (para complementar la historia antigua, digo yo).
-Me gustaría decirle a la Mariela un día, vámonos a Buenos Aires a pasar el fin de semana, sin tener que pensar en que no hay plata, o en que si uso tal cantidad, me va a faltar para esto otro.
-Me gustaría tener una conversación profunda con mi mamá sin que se pusiera a llorar antes de que hubiera terminado de decir todo lo que tengo guardado. Son muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto, pero que han afectado mi vida.
-Me encantaría también poder subir a mi mamá a un avión y que viajemos juntos a algún destino que ella elija. Poder llevarla a un hotel bonito, donde no tenga ninguna otra preocupación más que saber si al otro día hará frío o calor.
-Construir con mis manos (y con la ayuda de un maestro) una cabañita en la playa. En algún sitio alejado, donde no haya mucha gente y donde pueda tener un ventanal grande mirando el mar. Con una maquina de escribir antigua donde pueda escribir mi primer libro. No me importa que no haya una playa decente.
-Escribir un libro. Me gustaría que fuera una novela de tipo policial o con una muerte entremedio.
-Me gustaría hacer una investigación en profundidad sobre la muerte de mi papá y descubrir que hubo algo oculto. Lo mejor sería descubrir que no está muerto y que se fugó del país porque era un terrorista, pero que ahora lo puedo conocer y hacerle muchas preguntas. Ah!... y es millonario en el exilio, así que heredaré una suculenta fortuna, incluyendo una casa en La Toscana.
-Me gustaría aprender a tocar un instrumento musical. De preferencia piano. Y tener uno en mi casa. La casa que algún día me compraré y donde tendremos espacio para vivir cómodamente, con piso de parqué y una habitación que dé a un patio con mucho pasto.
-Quiero comprarme un auto con el que pueda viajar por cualquier lado, sin tener que depender de nadie. Ni del bus, ni del amigo que me trae del carrete. Hasta tengo clarito el modelo. Una Gran Nomade Suzuki (por si alguien me facilita la vida y me la regala)
-Cumplido ese deseo ya será más fácil este otro. Quiero ir a acampar y pescar. Con un fin de semana largo bastará. Pero quiero hacerlo cuando pueda andar tranquilo. En mi autito y con mi hijo un poquito más grande para que me acompañe.
-Me gustaría aprender a hablar inglés y estudiar algún postgrado fuera de Chile. o en una de esas, estudiar algo totalmente distinto. Alguna de mis profesiones frustradas.
-Comprar una casita en Chillán para mi hermana. No ha tenido la misma suerte que yo.
-Me gustaría poder ir al gimnasio y tener un profesor regular que me haga adelgazar y ser muy esbelto. Nunca es tarde. Para eso, necesito que casi me obliguen eso sí… así que le exigiré a este personal training que me acose hasta por teléfono si es necesario.
-Quiero tener ahorros… para que cuando me pregunten ¿en qué tienes inversiones? Yo pueda decir que en tal fondo mutuo o en tales acciones… suena chori.
-Me gustaría aprender a bailar tango. Y bailar una cueca con la Mariela en el 18, pero bien bailá.
-Tener un vivero de plantas y cultivar tomates, porotos y ajíes.

Ya, mejor no sigo, porque si no la lista puede ser interminable.

octubre 28, 2009

otra vez con el cuento de la edad...

Este fin de semana recién pasado tuve la oportunidad de visitar la Patagonia. En específico un sector muy cercano a las Torres del Paine. No hay palabras que me ayuden a describir lo que se siente estar en la zona. Lo pasé muy bien y sin duda incitaría a todos quienes pudieran, a que se tomen el tiempo de hacer este viaje.
Desafortunadamente, lo hice solo. Es decir, sin ningún miembro de mi familia, ni amigos. Fue una especie de viaje de trabajo, en el que también participaron algunos colegas de otros medios.
Aunque traté de divertirme todo lo que más pude, inevitablemente parte de lo vivido allí me llevó a reflexionar sobre el momento de la vida en que me encuentro.
Está bien. Tengo una familia linda. Soy feliz. Un hijo que juega todos los días conmigo. Y todas esas cosas que muchos de ustedes saben. Con problemas, muchos, al igual que todo el mundo no más. Pero ahora, hice también click en otra cosa. Estoy viejo. Y con eso no tengo nada qué hacer.
Estoy a punto de cumplir 33 años, pero aparento mucho más. Gordo, pesado (más que nunca), odioso y muy serio. Bueno, todo esto no es novedad. Lo que sí me tiene realmente impactado es que me miré en una foto que me sacaron en el lugar y no me reconocí. Ví una persona muy distinta a mí. Sin pelo.
Aterricé de golpe con eso de que ya nada será como antes. En este viaje andaban puros periodistas jóvenes, vigorosos, con harto carrete por delante, hablando de fiestas, copete y drogas... y yo ya estoy en una etapa muy distinta, con otros sueños y otros problemas. Me sentí raro. Distinto. Como si tuviera una enfermedad con la que nadie quisiera toparse. Fue una sensación muy extraña. Tan incómoda, que a veces preferí conversar con la gente más vieja que trabajaba en este lugar, con quienes me sentí más acompañado.
Bueno, de todo lo que he dicho, lo de pelao, es lo que más me tiene afectado. Sabía que este momento iba a llegar, pero lo estaba echando al olvido. Tanto que me ha costado aceptarme a mí mismo, y ahora más encima empezar todo de nuevo. No hay derecho.
Lo peor de todo es que dicen que los pelaos tienen plata y fortuna, y ese no es mi caso tampoco. Al contrario, me lleno y me lleno de deudas que no se acaban. No sé hasta dónde llegará todo esto.

Doce años

De pronto recordé que tenía un blog. Busqué y busqué hasta que logré encontrarlo. Fueron más de doce años sin escribir nada. Me emocioné muc...