Uf... han pasado exactamente 4 meses desde la última vez que escribí. Fue justo 10 días antes de que el camaroncito viera la luz. Y aquí está. Han sido los cuatro meses más intensos de nuestras vidas. Hemos pasado por un montón de estados de ánimo: felicidad, alegría, emotividad, cansancio, cansancio, cansancio, etc etc etc.
Y no han sido pocas las veces en que hemos estado tentados de tirar al loquito por la ventana... pero luego sonríe de esa forma tan angelical que ya nada importa. Es verdad. Cuando Benjamín se ríe o nos conversa realmente se pasa todo y vemos la vida con otros ojos.
Pese a ello en los últimos días no he parado de pensar en lo que significa esta etapa en nuestras vidas. Cumplir 30 y más encima tener un hijo significa un quiebre duro. Es como el hito que marca la entrada definitiva a una época de la vida en que ya no hay vuelta atrás. Derechamente somos adultos y nos estamos volviendo viejos. Tenemos responsabilidades que ya no se pueden obviar. Y ya nunca más dormiré tranquilo hasta el mediodía.... Pero no importa. Creo que lo estamos haciendo bien. El tiempo lo dirá.
Aquí va la primera foto de cuando llegó...disfrútenla tanto como nosotros.