diciembre 09, 2006

Mi encuentro con Dios...

Ayer estuve pensando mucho en algo que siempre me ha preocupado. Es un tema al que no muchos les gusta discutir. A mí en particular no me gusta, pero es inevitable no pensar en ello a veces. Se trata de la muerte. No es que esté pensando en que me vaya a morir y ese tipo de cosas. No. Para nada. Ahora más que nunca quiero vivir muchos años más... hasta arrugarme con una pasa. No. Tampoco es cierto. Sólo lo suficiente para alcanzar a hacer todas las cosas que me gustarían.
Pensé en esto por una razón muy simple. Estuve presente en una discusión entre el papá de la Mariela (ya no la llamaré más Paulina) y un familiar suyo muy cercano. El tema en cuestión se refería únicamente al lugar donde enterrarían a la abuelita de la Mariela una vez que muera. Mientras el tío quiere que esté junto a su papá en Santiago, donde siempre vivieron, este familiar planteaba la idea de que la ancianita se quede en Rancagua, donde ha estado el último año y propone que se trasladen los restos de su esposo a esa ciudad.
Por supuesto, me mantuve al margen de la discusión porque no me corresponde opinar. Pero eso me dio tiempo para pensar en qué ocurrirá conmigo. Con la Mariela ya hemos hablado un poco de esto. Tengo claro que su deseo es que la cremen, para que nadie discuta qué hacer con su cuerpo. Yo no estoy tan seguro de querer hacer lo mismo. Y siempre pensé que esa era una decisión un poco egoísta. Tengo o tenía varias razones para no querer hacer lo mismo, pero ayer muchos de mis argumentos se cayeron. Básicamente porque no quiero terminar siendo un problema para otros.
En mi caso, mi papá murió cuando yo aún era muy pequeño. No tengo ningún recuerdo suyo en mi cabeza. Lo único que sé de él, fue que cuando niño iba regularmente con mi mamá al cementerio. El lugar específico tiene para mí un significado muy importante. Hasta bien grande, ese era un lugar que me servia de puente para contarle algunas de mis cosas. Era como una conexión con él. Para mí fue muy importante saber que ahí, en ese lugar estuvo durante mucho tiempo. Recuerdo que muchas veces me senté a la orilla para intentar dialogar. Tenía la idea irreal de que algún día se me aparecería su fantasmita para decirme algo y aunque eso me aterraba era algo que añoraba. Nunca ocurrió y luego de varios años, debo haber tenido entre 10 y 15 años, su tumba desapareció junto a todas a su alrededor. Ya había vencido el plazo en que podía permanecer ahí y sin recursos para ponerlo en otro lado, pasó a una fosa común con muchos otros restos de cuerpos. Se perdió todo. Aunque ya no quedaba casi nada de lo que él fue.
Es cierto que todos dicen que es mejor guardar en el corazón los recuerdos de la gente, pero yo no tenía ninguno. Y no es lo mismo intentar querer a alguien que no está e imaginarlo sólo a través de los recuerdos de otros.
Por eso hasta hace poco quería estar en un lugar determinado. En el cementerio. Con muchas flores. Ojalá calas e ilusiones. Para que los que quisieran encontrarme supieran que estaba ahí. Pero ahora no estoy tan seguro de querer eso.
Un punto importante en toda esta reflexión es que ya no siento que me voy a morir tan joven. Antes creía que eso en cierta forma era como “heredable”, y si mi papá se había muerto joven, entonces yo también iba a correr una suerte parecida. Por otra parte, también tenía mucho temor a ser bueno. Todos me han dicho que mi papá era una persona muy, pero muy buena. Con un corazón bondadoso, muy generoso, amigable y un montón de otras cualidades como esas. Y eso me alentaba a afianzar la idea de que siempre Dios se lleva primero a la gente buena, por eso durante mucho tiempo me empeñé en decir que yo no lo era. Y en realidad siento que no lo soy, aunque muchos digan que soy correcto, bueno y todo eso. Así que desde hace algún tiempo decidí ser malo. Eso podría hacerme vivir eternamente. Pero tampoco es real.
Todas estas cosas me hacían querer estar en el cementerio. Pero ya no tanto. He aprendido que es mucho mejor vivir a través de otros. Me haría tremendamente feliz que algún cercano hablara bien de mí a mis hijos o nietos. Una frase tal vez sería suficiente para que me conocieran. Aunque yo pensaba que era insuficiente, las situaciones son distintas. Y en cierta forma aprendí con los años que en realidad no estaba solo. Si no, no me explico como he tenido tanta suerte en la vida. Conocer a la Mariela y un grupo de amigos inseparables que han estado y estarán conmigo en todas. Con todas las cosas que he conseguido y que nunca imaginé que serían posibles de lograr. Ni siquiera se me pasaron por la cabeza.
Por eso, ahora ya no quiero estar en ese lugar que antes quería. No sé como será después que uno se muera y si sentirá algo el alma respecto al lugar donde finalmente quede tu cuerpo. Pero creo que en el otro mundo seré feliz y encontraré a todos los que quiero. En cualquier lugar donde esté voy a seguir el camino que Dios tiene para mí.
Estoy pensando seriamente en que también me cremen. No creo que me vaya a doler. Eso sí, tienen que asegurarse que esté muerto.
Después de eso, creo que sería feliz si mis cenizas estuvieran en el mismo lugar que la Mariela. Sea donde sea: la inmensidad del mar o la tranquilidad del campo estarán bien.
Lo más importante será lo que logre dejar aquí. Y más que las cosas materiales, me refiero básicamente a algo tan simple como el cariño. Eso al final de cuentas es lo que vale. Eso sí, en mi funeral no quiero que esté abierto el féretro. Quiero que esté cerrado y que nadie me vea. Que sólo vean una fotografía. Ojalá una en que no esté solo, sino una grande en que haya mucha gente a mí alrededor. Me gustaría también que la gente no estuviera triste. Eso es difícil y no puedo pedir a otros que actúen como yo, pero igual me gustaría.
La otra vez vi una película donde también al difunto le colocaban una canción y me gustó la idea. Ya tengo definida la mía. “My way” de Frank Sinatra. Eso será suficiente.

Doce años

De pronto recordé que tenía un blog. Busqué y busqué hasta que logré encontrarlo. Fueron más de doce años sin escribir nada. Me emocioné muc...