Ayer estuve pensando mucho en algo que siempre me ha preocupado. Es un tema al que no muchos les gusta discutir. A mí en particular no me gusta, pero es inevitable no pensar en ello a veces. Se trata de la muerte. No es que esté pensando en que me vaya a morir y ese tipo de cosas. No. Para nada. Ahora más que nunca quiero vivir muchos años más... hasta arrugarme con una pasa. No. Tampoco es cierto. Sólo lo suficiente para alcanzar a hacer todas las cosas que me gustarían.
Pensé en esto por una razón muy simple. Estuve presente en una discusión entre el papá de la Mariela (ya no la llamaré más Paulina) y un familiar suyo muy cercano. El tema en cuestión se refería únicamente al lugar donde enterrarían a la abuelita de la Mariela una vez que muera. Mientras el tío quiere que esté junto a su papá en Santiago, donde siempre vivieron, este familiar planteaba la idea de que la ancianita se quede en Rancagua, donde ha estado el último año y propone que se trasladen los restos de su esposo a esa ciudad.
Por supuesto, me mantuve al margen de la discusión porque no me corresponde opinar. Pero eso me dio tiempo para pensar en qué ocurrirá conmigo. Con la Mariela ya hemos hablado un poco de esto. Tengo claro que su deseo es que la cremen, para que nadie discuta qué hacer con su cuerpo. Yo no estoy tan seguro de querer hacer lo mismo. Y siempre pensé que esa era una decisión un poco egoísta. Tengo o tenía varias razones para no querer hacer lo mismo, pero ayer muchos de mis argumentos se cayeron. Básicamente porque no quiero terminar siendo un problema para otros.
En mi caso, mi papá murió cuando yo aún era muy pequeño. No tengo ningún recuerdo suyo en mi cabeza. Lo único que sé de él, fue que cuando niño iba regularmente con mi mamá al cementerio. El lugar específico tiene para mí un significado muy importante. Hasta bien grande, ese era un lugar que me servia de puente para contarle algunas de mis cosas. Era como una conexión con él. Para mí fue muy importante saber que ahí, en ese lugar estuvo durante mucho tiempo. Recuerdo que muchas veces me senté a la orilla para intentar dialogar. Tenía la idea irreal de que algún día se me aparecería su fantasmita para decirme algo y aunque eso me aterraba era algo que añoraba. Nunca ocurrió y luego de varios años, debo haber tenido entre 10 y 15 años, su tumba desapareció junto a todas a su alrededor. Ya había vencido el plazo en que podía permanecer ahí y sin recursos para ponerlo en otro lado, pasó a una fosa común con muchos otros restos de cuerpos. Se perdió todo. Aunque ya no quedaba casi nada de lo que él fue.
Es cierto que todos dicen que es mejor guardar en el corazón los recuerdos de la gente, pero yo no tenía ninguno. Y no es lo mismo intentar querer a alguien que no está e imaginarlo sólo a través de los recuerdos de otros.
Por eso hasta hace poco quería estar en un lugar determinado. En el cementerio. Con muchas flores. Ojalá calas e ilusiones. Para que los que quisieran encontrarme supieran que estaba ahí. Pero ahora no estoy tan seguro de querer eso.
Un punto importante en toda esta reflexión es que ya no siento que me voy a morir tan joven. Antes creía que eso en cierta forma era como “heredable”, y si mi papá se había muerto joven, entonces yo también iba a correr una suerte parecida. Por otra parte, también tenía mucho temor a ser bueno. Todos me han dicho que mi papá era una persona muy, pero muy buena. Con un corazón bondadoso, muy generoso, amigable y un montón de otras cualidades como esas. Y eso me alentaba a afianzar la idea de que siempre Dios se lleva primero a la gente buena, por eso durante mucho tiempo me empeñé en decir que yo no lo era. Y en realidad siento que no lo soy, aunque muchos digan que soy correcto, bueno y todo eso. Así que desde hace algún tiempo decidí ser malo. Eso podría hacerme vivir eternamente. Pero tampoco es real.
Todas estas cosas me hacían querer estar en el cementerio. Pero ya no tanto. He aprendido que es mucho mejor vivir a través de otros. Me haría tremendamente feliz que algún cercano hablara bien de mí a mis hijos o nietos. Una frase tal vez sería suficiente para que me conocieran. Aunque yo pensaba que era insuficiente, las situaciones son distintas. Y en cierta forma aprendí con los años que en realidad no estaba solo. Si no, no me explico como he tenido tanta suerte en la vida. Conocer a la Mariela y un grupo de amigos inseparables que han estado y estarán conmigo en todas. Con todas las cosas que he conseguido y que nunca imaginé que serían posibles de lograr. Ni siquiera se me pasaron por la cabeza.
Por eso, ahora ya no quiero estar en ese lugar que antes quería. No sé como será después que uno se muera y si sentirá algo el alma respecto al lugar donde finalmente quede tu cuerpo. Pero creo que en el otro mundo seré feliz y encontraré a todos los que quiero. En cualquier lugar donde esté voy a seguir el camino que Dios tiene para mí.
Estoy pensando seriamente en que también me cremen. No creo que me vaya a doler. Eso sí, tienen que asegurarse que esté muerto.
Después de eso, creo que sería feliz si mis cenizas estuvieran en el mismo lugar que la Mariela. Sea donde sea: la inmensidad del mar o la tranquilidad del campo estarán bien.
Lo más importante será lo que logre dejar aquí. Y más que las cosas materiales, me refiero básicamente a algo tan simple como el cariño. Eso al final de cuentas es lo que vale. Eso sí, en mi funeral no quiero que esté abierto el féretro. Quiero que esté cerrado y que nadie me vea. Que sólo vean una fotografía. Ojalá una en que no esté solo, sino una grande en que haya mucha gente a mí alrededor. Me gustaría también que la gente no estuviera triste. Eso es difícil y no puedo pedir a otros que actúen como yo, pero igual me gustaría.
La otra vez vi una película donde también al difunto le colocaban una canción y me gustó la idea. Ya tengo definida la mía. “My way” de Frank Sinatra. Eso será suficiente.
La vida nunca deja de sorprenderte... Y los años no paran de correr... hay que mantenerse firme compañeros! La contienda es desigual!
diciembre 09, 2006
octubre 31, 2006
Cuenta regresiva...
Hoy en la mañana desperté preocupado. Por cosas de trabajo, principalmente. Y números. Anoche dormí mal. Soñé varias veces con números, fórmulas y demases, y la Paulina tenía insomnio. ¡Qué cosas! Para “desaburrirse” se divertía intentando cerrar mi boca mientras yo dormía (sí!!! Yo soy un boquiabierto. Y también un roncador empedernido. Y qué???). Lo peor es que no podía mandarla al carajo, porque como está sensible, no puedo decir cosas pesadas, ni hablar golpeado. Así que traté de ignorar la situación, pero hoy en la mañana el espejo me pasó la cuenta. Mientras intentaba despertar hoy me vi mucho más viejo, que hace 10 años, cuando recién me vine a Santiago. Tenía el pelo revuelto -lo que queda- y los ojos medio hinchados. Cansancio. Es sólo eso, me dije varias veces. Pero no es eso no más. De pronto recordé que hoy ya se acaba octubre y comienza la cuenta regresiva para un nuevo cumpleaños. Sólo falta una semana. Y noté que como todos los años comenzó a llegar la depresión. Esta vez, claro, el impacto todavía ha sido menor y he logrado pensar en otras cosas más importantes que la edad. Pero es difícil enfrentarse a cumplir 30 años. Antes, me acuerdo, soñaba con cumplir 20 años y no pasaba nunca el tiempo. De los 20 a los 30 fueron los años más felices de mi vida y en los que más crecí. Pero se pasaron muy de prisa. Y ahora me encuentro en un mundo totalmente distinto: con familia nueva, con proyectos futuros y un hijo en camino que seguro cambiará todavía más esta historia. No es que me sienta insatisfecho con todo esto. Por el contrario. Nunca he estado más feliz. Pero de pronto es heavy despertar un día y pensar en todo lo que ha pasado y que antes ni siquiera te imaginabas. Sobre todo, porque siempre decía cosas como “nunca me voy a casar”... “no voy a tener hijos”... “odio a todo el mundo”... en fin. Puras barbaridades.
Y resulta que me puse a pensar un poco en qué es lo que realmente me da pena. No es que me de pena pensar en las cosas que todavía no tengo. Porque igual que todos, soy un poco materialista. Creo que lo que más me aterra es que se pase el tiempo sin lograr hacer todo lo que quería. Cuando chico, pero bien chico, le dije a mi mamá que cuando fuera grande le iba a comprar un auto y calzones. Suena chistosa la oferta, pero hasta ahora no he regalado ninguna de las dos. Y eso que la última es bastante más barata que la primera. También soñé varias veces con recorrer el mundo. O al menos visitar algunos lugares que me atraen. Todavía no lo logro.
En fin. Considerando que esto podría ser la mitad de mi vida (no me gustaría tener tantos años porque al final los viejos siempre son un cacho), pensé en pedir como deseo este año cuando apague las velitas (si es que las apago) el que pueda cumplir los sueños pendientes. Tal vez resulte.Me quedé pensando en que hay quienes han dicho que para alcanzar la plenitud en la vida es necesario “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”. Tal vez la vida es mucho más simple de lo que imaginamos. Y me alegró pensar que ya estoy en camino de tener un hijo. Esto que estoy escribiendo tal vez me sirva un día para publicar un libro. No sé. Mis memorias quizá.... y el árbol tendrá que esperar todavía hasta cuando tenga un lugar donde plantarlo. Pero cuento con que al menos todavía me queda la otra mitad de la vida para lograrlo.
Y resulta que me puse a pensar un poco en qué es lo que realmente me da pena. No es que me de pena pensar en las cosas que todavía no tengo. Porque igual que todos, soy un poco materialista. Creo que lo que más me aterra es que se pase el tiempo sin lograr hacer todo lo que quería. Cuando chico, pero bien chico, le dije a mi mamá que cuando fuera grande le iba a comprar un auto y calzones. Suena chistosa la oferta, pero hasta ahora no he regalado ninguna de las dos. Y eso que la última es bastante más barata que la primera. También soñé varias veces con recorrer el mundo. O al menos visitar algunos lugares que me atraen. Todavía no lo logro.
En fin. Considerando que esto podría ser la mitad de mi vida (no me gustaría tener tantos años porque al final los viejos siempre son un cacho), pensé en pedir como deseo este año cuando apague las velitas (si es que las apago) el que pueda cumplir los sueños pendientes. Tal vez resulte.Me quedé pensando en que hay quienes han dicho que para alcanzar la plenitud en la vida es necesario “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”. Tal vez la vida es mucho más simple de lo que imaginamos. Y me alegró pensar que ya estoy en camino de tener un hijo. Esto que estoy escribiendo tal vez me sirva un día para publicar un libro. No sé. Mis memorias quizá.... y el árbol tendrá que esperar todavía hasta cuando tenga un lugar donde plantarlo. Pero cuento con que al menos todavía me queda la otra mitad de la vida para lograrlo.
octubre 20, 2006
El camaroncito-heredero
Ayer mi señora esposa me preguntó acerca de qué escribiría en este blog. Uf... había pensado en escribir sobre mis antiguas conquistas y experiencias amorosas para servir de guía a muchos jóvenes que andan perdidos por la vida, pero ahora que ya alguien le contó de mi blog tendré que escribir cosas bonitas... no hay que arriesgarse que le den a uno con el uslero por la cabeza... y en la casa hay dos.
Así que antes de dormir estuve meditando sobre el primer texto que incluiría aquí para debutar. Y lo más noticioso que me ha ocurrido por estos días y que significará un cambio en 360º en mi vida y de la Paulina (usaré un nombre de fantasía para encubrir a mi esposa) es la llegada de nuestro primer hijo. Vaya que me sorprendí cuando el test marcó una profunda cruz como resultado hace unas semanas. Nunca en mi vida me había puesto tan nervioso como cuando fuimos a buscar luego el examen de sangre para asegurarnos. Más incluso que cuando estaba parado en la iglesia esperando que llegara ella para casarnos... y eso que ahí también estaba bastante nervioso.
Y ahí estábamos. Caminamos cuadras y cuadras con rumbo a la casa. Kilómetros. Nos observamos con una mirada cómplice y unas risas de nerviosismo. Como diciendo literalmente... “llegó el momento lolito (a)”. Y llegó el momento. No sé si es el mejor o si alguna vez uno estará en el momento apropiado. Pero es ahora y frente a ello no hay nada que hacer. Después vino la hora de contarles a todos y a los días siguientes nuestra primera ecografía, donde por supuesto lo único que se veía era un puntito que saltaba. El médico dijo que aún era muy chico. Que había que esperar a ver qué pasaba y un montón de otras cosas. Que no nos ilusionáramos. Pero ya era imposible.
Para los que no han pasado por esto, ver algo aunque sea pequeño ahí saltando es lo más emocionante del mundo. Me imagino que después el recuerdo lo cambiaré por las imágenes del nacimiento, pero sin duda seguirá manteniéndose como el primer recuerdo de todo. Es realmente indescriptible la sensación e imposible no ilusionarse. Menos cuando todos los que te van a visitar te llevan algún regalito para guagua.
No sé cómo irá a ser todo después. Pero ya no me preocupa tanto como antes el no poder dormir, o las ganas de vomitar cuando haya que cambiar pañales, o los llantos a cualquier hora. Ahora hay otras preocupaciones, como esperar que todo salga bien, y cuidar a la mamá. “No me grites, que estoy embarazada”, “No me pongas esa cara, que estoy embarazada”, “Dame besitos y hazme cariño, que estoy embarazada”, “Cómprame una Ginger-Ale porque tengo antojos y.... estoy embarazada”... en fin. Claro, por ahora es puro “chaqueteo”, como le llaman.
Y así empezaron las cosas. Ahora último unos estúpidos amigos bautizaron a la criatura como “camarón”... ¿qué es eso? No puede ser que algo tan bonito sea fichado como un camarón... no me pareció. Yo había pensado en algo más de alta alcurnia. Como “el heredero”, que daba para todo... como telenovela mexicana, o el protagonista de un libro de ciencia ficción. No sé. Era más creativo... Pero algunos ya lo interiorizaron y ahora preguntan a cada rato por el “camaroncito”, lo que es un avance.
Hasta ahora he preferido no pensar en un sexo determinado. Mejor. A mí me gustan más las niñitas... por su ternura y cómo se visten y esas cosas... y además no me veo enseñándole fútbol a un niño. Más cuando toda la vida me arranqué de los partidos.
Sí tengo muchas ilusiones sobre la relación que entablaré con él o ella. Me gustaría que fuéramos amigos. Pero buenos amigos. Yo sé que es difícil, pero tal vez lo logre. Sería rico que un día llegara y me contara un problema de esos que uno tiene cuando chico, que se solucionan muy rápido, pero que a uno lo atormentan.
Ojalá todo resulte bien.
Así que antes de dormir estuve meditando sobre el primer texto que incluiría aquí para debutar. Y lo más noticioso que me ha ocurrido por estos días y que significará un cambio en 360º en mi vida y de la Paulina (usaré un nombre de fantasía para encubrir a mi esposa) es la llegada de nuestro primer hijo. Vaya que me sorprendí cuando el test marcó una profunda cruz como resultado hace unas semanas. Nunca en mi vida me había puesto tan nervioso como cuando fuimos a buscar luego el examen de sangre para asegurarnos. Más incluso que cuando estaba parado en la iglesia esperando que llegara ella para casarnos... y eso que ahí también estaba bastante nervioso.
Y ahí estábamos. Caminamos cuadras y cuadras con rumbo a la casa. Kilómetros. Nos observamos con una mirada cómplice y unas risas de nerviosismo. Como diciendo literalmente... “llegó el momento lolito (a)”. Y llegó el momento. No sé si es el mejor o si alguna vez uno estará en el momento apropiado. Pero es ahora y frente a ello no hay nada que hacer. Después vino la hora de contarles a todos y a los días siguientes nuestra primera ecografía, donde por supuesto lo único que se veía era un puntito que saltaba. El médico dijo que aún era muy chico. Que había que esperar a ver qué pasaba y un montón de otras cosas. Que no nos ilusionáramos. Pero ya era imposible.
Para los que no han pasado por esto, ver algo aunque sea pequeño ahí saltando es lo más emocionante del mundo. Me imagino que después el recuerdo lo cambiaré por las imágenes del nacimiento, pero sin duda seguirá manteniéndose como el primer recuerdo de todo. Es realmente indescriptible la sensación e imposible no ilusionarse. Menos cuando todos los que te van a visitar te llevan algún regalito para guagua.
No sé cómo irá a ser todo después. Pero ya no me preocupa tanto como antes el no poder dormir, o las ganas de vomitar cuando haya que cambiar pañales, o los llantos a cualquier hora. Ahora hay otras preocupaciones, como esperar que todo salga bien, y cuidar a la mamá. “No me grites, que estoy embarazada”, “No me pongas esa cara, que estoy embarazada”, “Dame besitos y hazme cariño, que estoy embarazada”, “Cómprame una Ginger-Ale porque tengo antojos y.... estoy embarazada”... en fin. Claro, por ahora es puro “chaqueteo”, como le llaman.
Y así empezaron las cosas. Ahora último unos estúpidos amigos bautizaron a la criatura como “camarón”... ¿qué es eso? No puede ser que algo tan bonito sea fichado como un camarón... no me pareció. Yo había pensado en algo más de alta alcurnia. Como “el heredero”, que daba para todo... como telenovela mexicana, o el protagonista de un libro de ciencia ficción. No sé. Era más creativo... Pero algunos ya lo interiorizaron y ahora preguntan a cada rato por el “camaroncito”, lo que es un avance.
Hasta ahora he preferido no pensar en un sexo determinado. Mejor. A mí me gustan más las niñitas... por su ternura y cómo se visten y esas cosas... y además no me veo enseñándole fútbol a un niño. Más cuando toda la vida me arranqué de los partidos.
Sí tengo muchas ilusiones sobre la relación que entablaré con él o ella. Me gustaría que fuéramos amigos. Pero buenos amigos. Yo sé que es difícil, pero tal vez lo logre. Sería rico que un día llegara y me contara un problema de esos que uno tiene cuando chico, que se solucionan muy rápido, pero que a uno lo atormentan.
Ojalá todo resulte bien.
octubre 18, 2006
Esto de la modernidad
Un amigo me incentivó hoy mismo a hacer esto. Como es un "buen buen amigo" (de esos que te acompañan hasta a tomarte las gracias) le voy a hacer caso. Así aprovecho de darme un barniz de nueva tecnología.
Fueron muchas las preguntas que respondí para poder iniciar este blog. La que más me costó fue la del nombre que quería darle. Pensé en algo que me representara y no encontré nada más que el hecho de que en pocos días más pasaré la barrera psicológica de "los 30". Lo que es un "gran paso" en mi historia de vida.
Casi siempre me deprimo para mis cumpleaños y no sé si esta irá a ser también la ocasión. La vida es ahora distinta, pero inevitablemente siempre pienso en las cosas que soñaba y las que no he conseguido. Es más bien pesimista porque vaya que he conseguido cosas. Lo sé. Pero soy de los que tiende a ver el vaso medio vacío y no medio lleno. Aunque con los años sin duda le he empezado a ver menos vacío de lo que estaba antes. Eso puede ser un progreso. Es lo que hay.
Así que la trama de todo esto es contarles de las vivencias, dudas, inquietudes de alguien que está entrando a su tercera década. Ya sé que en realidad ya estoy viviendo mi año treinta.. pero quiero pensar que soy un poco más joven. Mi deseo más fuerte para los próximos 10 años es que aún me quede pelo en la cabeza para que mis hijos me conozcan antes de ser un pela'o de mierda. De los buenos eso sí.
Ojalá también sea una opción de hacer nuevos amigos y de que se mantengan los que ya están.
Fueron muchas las preguntas que respondí para poder iniciar este blog. La que más me costó fue la del nombre que quería darle. Pensé en algo que me representara y no encontré nada más que el hecho de que en pocos días más pasaré la barrera psicológica de "los 30". Lo que es un "gran paso" en mi historia de vida.
Casi siempre me deprimo para mis cumpleaños y no sé si esta irá a ser también la ocasión. La vida es ahora distinta, pero inevitablemente siempre pienso en las cosas que soñaba y las que no he conseguido. Es más bien pesimista porque vaya que he conseguido cosas. Lo sé. Pero soy de los que tiende a ver el vaso medio vacío y no medio lleno. Aunque con los años sin duda le he empezado a ver menos vacío de lo que estaba antes. Eso puede ser un progreso. Es lo que hay.
Así que la trama de todo esto es contarles de las vivencias, dudas, inquietudes de alguien que está entrando a su tercera década. Ya sé que en realidad ya estoy viviendo mi año treinta.. pero quiero pensar que soy un poco más joven. Mi deseo más fuerte para los próximos 10 años es que aún me quede pelo en la cabeza para que mis hijos me conozcan antes de ser un pela'o de mierda. De los buenos eso sí.
Ojalá también sea una opción de hacer nuevos amigos y de que se mantengan los que ya están.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Doce años
De pronto recordé que tenía un blog. Busqué y busqué hasta que logré encontrarlo. Fueron más de doce años sin escribir nada. Me emocioné muc...
-
Llevo varios dias dándole vuelta a algún tema para escribir. Y adivinen qué... no se me ha ocurrido nada. Estoy tan fome por estos días, par...
-
Te gusta que te soben? Te gusta que te rocen? Que te hagan sudar? Sentir otro aliento a tu lado? Que te respiren en la nuca y/o en tu cara? ...
-
Un amigo me incentivó hoy mismo a hacer esto. Como es un "buen buen amigo" (de esos que te acompañan hasta a tomarte las gracias) ...