Adiós a los treinta... Bienvenidos los 50!
La vida nunca deja de sorprenderte... Y los años no paran de correr... hay que mantenerse firme compañeros! La contienda es desigual!
agosto 27, 2022
Doce años
De pronto recordé que tenía un blog. Busqué y busqué hasta que logré encontrarlo. Fueron más de doce años sin escribir nada. Me emocioné mucho leyendo algunas de las publicaciones que hice en esos años. Mi mayor preocupacion por entonces era que iba a tener un hijo y que cumpliría 30 años ¡Las cosas que lo preocupan a uno a veces! Ahora ya tengo 45 y sí que siento que el tiempo ha pasado tan rápido. Cada vez pienso más en la muerte. Esa sí que es una preocupación. Me dolería mucho que me pasara y dejara a mis hijos pequeños. Perdón, no conté que en estos doce años, llegaron dos herederos más, el Cleme y la Mati. Todos muy distintos entre sí, pero cada uno con sus cosas y formas particulares. Siento mucho amor por cada uno.
Me gustó releerme. Recordar. Sentir que sigo siendo el mismo, y mis pensamientos no han cambiado mucho. Tampoco las cosas que me causan dolor. Denante pensaba justo en eso. A pesar de que me han pasado cosas, la que me más me duele es una que ni siquiera recuerdo. Heavy. A veces me da rabia, que la ausencia paterna siga siendo el dolor más grande de mi vida. Es tan extraño, que siempre me da pena y es una tecla que se activa muy fácilmente. Hoy recordé que justamente me había prometido no tener hijos para no hacerlos sufrir si moría. Después cambié la forma de verlo y sentí que debía darme esa oportunidad. Hasta ahora pensaba que lo estaba haciendo bien, pero desde hace unos días no dejo de pensar en algo que me preocupa. Esta ausencia paterna me duele porque no tuve un modelo, no tuve con quien hablar mis cosas, a quien pedirle un consejo. Y de pronto pensé... soy yo eso que extrañé hacia mis hijos. Sé que estoy ahi para ellos y creo que todos lo entienden, pero a veces siento que no me he ganado su confianza, no me cuentan sus cosas, no me piden consejos, hasta creo que a veces no los conozco tanto. Sobre todo al Benja. Es raro sentir que tal vez no lo estoy haciendo bien a fin de cuentas. A lo mejor son cosas de la edad. Tal vez cuando sean más grandes habrá más confianza. Lo que yo simplemente quiero es que mi experiencia de vida les sirva para lo que será la suya. En fin.
abril 22, 2010
Momentos de felicidad
El otro día tuve uno de esos momentos de felicidad que uno tiene muy cotidianamente en la vida, pero de los que no se da cuenta de inmediato. Lo bueno, en esta oportunidad, es que me dí cuenta en el momento de que estaba siendo feliz y aproveché al máximo esos minutos. Para sentirme satisfecho con la vida.
Se dio en una situación bien particular. Con el Benja. Un día que eran poco más de las 12 de la noche y el perla no se quería dormir. Ya lo había retado un poco. Lo había metido en su cama, pero no paraba de llorar porque quería ir a dormir con nosotros. Lloró y suspiró como 15 minutos hasta que al fin me dio remordimiento y fui a verlo otra vez.
No encendí la luz. Sólo me limité a ponerme junto a la puerta de su dormitorio y observarlo. Él se puso de pie sobre su cama y abrió sus brazos de par en par. Me dio mucha pena y me acerqué. Me abrazó fuerte y me repitió que quería dormir conmigo.
Le expliqué nuevamente que era muy tarde y que al día siguiente no iba a querer despertarse para ir al jardín. Y fue entonces que se me ocurrió decirle que tal vez podría yo acompañarlo a dormir en su cama un rato.
Entonces se acostó muy rápidamente y se hizo hacia el rincón lo más que pudo, dejándome casi todo el espacio. Me recosté con él y de inmediato me abrazó por el cuello y no me soltó en mucho rato. Me hacía cariño con sus manitos, y tuve un sentimiento muy especial. Fui tan feliz en esos minutos con él. Mucho más que otros tantos momentos que compartimos durante el día. Me di cuenta de ello y lo abracé con harta fuerza.
Me hizo reflexionar de la poca paciencia que tengo a veces y aunque eso ha cambiado con el tiempo, es algo en lo que tengo que seguir trabajando. Estuvimos juntos como 15 minutos y no se durmió. Siguió haciendo mañas, pero el recuerdo ya lo tenía grabado.
Se dio en una situación bien particular. Con el Benja. Un día que eran poco más de las 12 de la noche y el perla no se quería dormir. Ya lo había retado un poco. Lo había metido en su cama, pero no paraba de llorar porque quería ir a dormir con nosotros. Lloró y suspiró como 15 minutos hasta que al fin me dio remordimiento y fui a verlo otra vez.
No encendí la luz. Sólo me limité a ponerme junto a la puerta de su dormitorio y observarlo. Él se puso de pie sobre su cama y abrió sus brazos de par en par. Me dio mucha pena y me acerqué. Me abrazó fuerte y me repitió que quería dormir conmigo.
Le expliqué nuevamente que era muy tarde y que al día siguiente no iba a querer despertarse para ir al jardín. Y fue entonces que se me ocurrió decirle que tal vez podría yo acompañarlo a dormir en su cama un rato.
Entonces se acostó muy rápidamente y se hizo hacia el rincón lo más que pudo, dejándome casi todo el espacio. Me recosté con él y de inmediato me abrazó por el cuello y no me soltó en mucho rato. Me hacía cariño con sus manitos, y tuve un sentimiento muy especial. Fui tan feliz en esos minutos con él. Mucho más que otros tantos momentos que compartimos durante el día. Me di cuenta de ello y lo abracé con harta fuerza.
Me hizo reflexionar de la poca paciencia que tengo a veces y aunque eso ha cambiado con el tiempo, es algo en lo que tengo que seguir trabajando. Estuvimos juntos como 15 minutos y no se durmió. Siguió haciendo mañas, pero el recuerdo ya lo tenía grabado.
diciembre 28, 2009
Siempre hay tiempo
Mientras venía al trabajo en la mañana pensé que ya era tiempo de hacer mi acostumbrado balance anual. Obvio. Es un ritual que hay que hacer todos los años.
Me puse a pensar en el estilo que quería impregnarle este año.
No quería que fuera un recuento como el último que hice, porque tal vez no haya evolucionado tanto como habría querido.
Me lo plantee más bien como un listado de las cosas que quiero hacer y que todavía no hago. No sé por qué, pero en los últimos días he estado pensando harto en esto de que ya estoy como en la mitad de mi vida. Y aunque he hecho muuuuuuchas cosas, hay hartas que todavía me falta. Así que me propuse hacer un recuento de las más importantes. Para que no se me olviden.
Total. Dicen que “siempre hay tiempo”, para hacer, decir, o terminar cosas que hemos dejado en el camino. Ojalá el que me queda me alcance para todo esto.
-Me gustaría ir al campo y recostarme debajo de un sauce llorón. Con un pequeño riachuelo corriendo lento, como cuando era niño, y dormir profundamente.
-Me gustaría ver amanecer, pero al revés. Que el sol salga por el lado del mar y no que se esconda por ahí.
-Me gustaría vivir una Navidad con nieve, un árbol natural muy grande adornado y una chimenea encendida. Con olor a cocina de campo.
-Quiero tener más hijos. Ojalá uno o dos más. Y que por lo menos una sea mujercita. Seríamos compinches.
-Operar mi nariz para que ya nunca más ronque y no moleste a nadie. Que no lo hago a propósito. Es un defecto de fábrica.
-Aprender a nadar. Pero me da pánico.
-Me gustaría cambiar mi estilo de vida y ser un poquito menos gruñón. No sé si se lo logre, porque varias veces me lo he propuesto, pero a veces no puedo evitarlo.
-Cumplir con la luna de miel. Quedamos en que cuando pudiéramos iríamos a Cartagena de Indias. Han pasado cinco años y todavía no hemos podido.
-Viajar a Egipto (sueño de la Mariela) y Grecia (para complementar la historia antigua, digo yo).
-Me gustaría decirle a la Mariela un día, vámonos a Buenos Aires a pasar el fin de semana, sin tener que pensar en que no hay plata, o en que si uso tal cantidad, me va a faltar para esto otro.
-Me gustaría tener una conversación profunda con mi mamá sin que se pusiera a llorar antes de que hubiera terminado de decir todo lo que tengo guardado. Son muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto, pero que han afectado mi vida.
-Me encantaría también poder subir a mi mamá a un avión y que viajemos juntos a algún destino que ella elija. Poder llevarla a un hotel bonito, donde no tenga ninguna otra preocupación más que saber si al otro día hará frío o calor.
-Construir con mis manos (y con la ayuda de un maestro) una cabañita en la playa. En algún sitio alejado, donde no haya mucha gente y donde pueda tener un ventanal grande mirando el mar. Con una maquina de escribir antigua donde pueda escribir mi primer libro. No me importa que no haya una playa decente.
-Escribir un libro. Me gustaría que fuera una novela de tipo policial o con una muerte entremedio.
-Me gustaría hacer una investigación en profundidad sobre la muerte de mi papá y descubrir que hubo algo oculto. Lo mejor sería descubrir que no está muerto y que se fugó del país porque era un terrorista, pero que ahora lo puedo conocer y hacerle muchas preguntas. Ah!... y es millonario en el exilio, así que heredaré una suculenta fortuna, incluyendo una casa en La Toscana.
-Me gustaría aprender a tocar un instrumento musical. De preferencia piano. Y tener uno en mi casa. La casa que algún día me compraré y donde tendremos espacio para vivir cómodamente, con piso de parqué y una habitación que dé a un patio con mucho pasto.
-Quiero comprarme un auto con el que pueda viajar por cualquier lado, sin tener que depender de nadie. Ni del bus, ni del amigo que me trae del carrete. Hasta tengo clarito el modelo. Una Gran Nomade Suzuki (por si alguien me facilita la vida y me la regala)
-Cumplido ese deseo ya será más fácil este otro. Quiero ir a acampar y pescar. Con un fin de semana largo bastará. Pero quiero hacerlo cuando pueda andar tranquilo. En mi autito y con mi hijo un poquito más grande para que me acompañe.
-Me gustaría aprender a hablar inglés y estudiar algún postgrado fuera de Chile. o en una de esas, estudiar algo totalmente distinto. Alguna de mis profesiones frustradas.
-Comprar una casita en Chillán para mi hermana. No ha tenido la misma suerte que yo.
-Me gustaría poder ir al gimnasio y tener un profesor regular que me haga adelgazar y ser muy esbelto. Nunca es tarde. Para eso, necesito que casi me obliguen eso sí… así que le exigiré a este personal training que me acose hasta por teléfono si es necesario.
-Quiero tener ahorros… para que cuando me pregunten ¿en qué tienes inversiones? Yo pueda decir que en tal fondo mutuo o en tales acciones… suena chori.
-Me gustaría aprender a bailar tango. Y bailar una cueca con la Mariela en el 18, pero bien bailá.
-Tener un vivero de plantas y cultivar tomates, porotos y ajíes.
Ya, mejor no sigo, porque si no la lista puede ser interminable.
Me puse a pensar en el estilo que quería impregnarle este año.
No quería que fuera un recuento como el último que hice, porque tal vez no haya evolucionado tanto como habría querido.
Me lo plantee más bien como un listado de las cosas que quiero hacer y que todavía no hago. No sé por qué, pero en los últimos días he estado pensando harto en esto de que ya estoy como en la mitad de mi vida. Y aunque he hecho muuuuuuchas cosas, hay hartas que todavía me falta. Así que me propuse hacer un recuento de las más importantes. Para que no se me olviden.
Total. Dicen que “siempre hay tiempo”, para hacer, decir, o terminar cosas que hemos dejado en el camino. Ojalá el que me queda me alcance para todo esto.
-Me gustaría ir al campo y recostarme debajo de un sauce llorón. Con un pequeño riachuelo corriendo lento, como cuando era niño, y dormir profundamente.
-Me gustaría ver amanecer, pero al revés. Que el sol salga por el lado del mar y no que se esconda por ahí.
-Me gustaría vivir una Navidad con nieve, un árbol natural muy grande adornado y una chimenea encendida. Con olor a cocina de campo.
-Quiero tener más hijos. Ojalá uno o dos más. Y que por lo menos una sea mujercita. Seríamos compinches.
-Operar mi nariz para que ya nunca más ronque y no moleste a nadie. Que no lo hago a propósito. Es un defecto de fábrica.
-Aprender a nadar. Pero me da pánico.
-Me gustaría cambiar mi estilo de vida y ser un poquito menos gruñón. No sé si se lo logre, porque varias veces me lo he propuesto, pero a veces no puedo evitarlo.
-Cumplir con la luna de miel. Quedamos en que cuando pudiéramos iríamos a Cartagena de Indias. Han pasado cinco años y todavía no hemos podido.
-Viajar a Egipto (sueño de la Mariela) y Grecia (para complementar la historia antigua, digo yo).
-Me gustaría decirle a la Mariela un día, vámonos a Buenos Aires a pasar el fin de semana, sin tener que pensar en que no hay plata, o en que si uso tal cantidad, me va a faltar para esto otro.
-Me gustaría tener una conversación profunda con mi mamá sin que se pusiera a llorar antes de que hubiera terminado de decir todo lo que tengo guardado. Son muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto, pero que han afectado mi vida.
-Me encantaría también poder subir a mi mamá a un avión y que viajemos juntos a algún destino que ella elija. Poder llevarla a un hotel bonito, donde no tenga ninguna otra preocupación más que saber si al otro día hará frío o calor.
-Construir con mis manos (y con la ayuda de un maestro) una cabañita en la playa. En algún sitio alejado, donde no haya mucha gente y donde pueda tener un ventanal grande mirando el mar. Con una maquina de escribir antigua donde pueda escribir mi primer libro. No me importa que no haya una playa decente.
-Escribir un libro. Me gustaría que fuera una novela de tipo policial o con una muerte entremedio.
-Me gustaría hacer una investigación en profundidad sobre la muerte de mi papá y descubrir que hubo algo oculto. Lo mejor sería descubrir que no está muerto y que se fugó del país porque era un terrorista, pero que ahora lo puedo conocer y hacerle muchas preguntas. Ah!... y es millonario en el exilio, así que heredaré una suculenta fortuna, incluyendo una casa en La Toscana.
-Me gustaría aprender a tocar un instrumento musical. De preferencia piano. Y tener uno en mi casa. La casa que algún día me compraré y donde tendremos espacio para vivir cómodamente, con piso de parqué y una habitación que dé a un patio con mucho pasto.
-Quiero comprarme un auto con el que pueda viajar por cualquier lado, sin tener que depender de nadie. Ni del bus, ni del amigo que me trae del carrete. Hasta tengo clarito el modelo. Una Gran Nomade Suzuki (por si alguien me facilita la vida y me la regala)
-Cumplido ese deseo ya será más fácil este otro. Quiero ir a acampar y pescar. Con un fin de semana largo bastará. Pero quiero hacerlo cuando pueda andar tranquilo. En mi autito y con mi hijo un poquito más grande para que me acompañe.
-Me gustaría aprender a hablar inglés y estudiar algún postgrado fuera de Chile. o en una de esas, estudiar algo totalmente distinto. Alguna de mis profesiones frustradas.
-Comprar una casita en Chillán para mi hermana. No ha tenido la misma suerte que yo.
-Me gustaría poder ir al gimnasio y tener un profesor regular que me haga adelgazar y ser muy esbelto. Nunca es tarde. Para eso, necesito que casi me obliguen eso sí… así que le exigiré a este personal training que me acose hasta por teléfono si es necesario.
-Quiero tener ahorros… para que cuando me pregunten ¿en qué tienes inversiones? Yo pueda decir que en tal fondo mutuo o en tales acciones… suena chori.
-Me gustaría aprender a bailar tango. Y bailar una cueca con la Mariela en el 18, pero bien bailá.
-Tener un vivero de plantas y cultivar tomates, porotos y ajíes.
Ya, mejor no sigo, porque si no la lista puede ser interminable.
octubre 28, 2009
otra vez con el cuento de la edad...
Este fin de semana recién pasado tuve la oportunidad de visitar la Patagonia. En específico un sector muy cercano a las Torres del Paine. No hay palabras que me ayuden a describir lo que se siente estar en la zona. Lo pasé muy bien y sin duda incitaría a todos quienes pudieran, a que se tomen el tiempo de hacer este viaje.
Desafortunadamente, lo hice solo. Es decir, sin ningún miembro de mi familia, ni amigos. Fue una especie de viaje de trabajo, en el que también participaron algunos colegas de otros medios.
Aunque traté de divertirme todo lo que más pude, inevitablemente parte de lo vivido allí me llevó a reflexionar sobre el momento de la vida en que me encuentro.
Está bien. Tengo una familia linda. Soy feliz. Un hijo que juega todos los días conmigo. Y todas esas cosas que muchos de ustedes saben. Con problemas, muchos, al igual que todo el mundo no más. Pero ahora, hice también click en otra cosa. Estoy viejo. Y con eso no tengo nada qué hacer.
Estoy a punto de cumplir 33 años, pero aparento mucho más. Gordo, pesado (más que nunca), odioso y muy serio. Bueno, todo esto no es novedad. Lo que sí me tiene realmente impactado es que me miré en una foto que me sacaron en el lugar y no me reconocí. Ví una persona muy distinta a mí. Sin pelo.
Aterricé de golpe con eso de que ya nada será como antes. En este viaje andaban puros periodistas jóvenes, vigorosos, con harto carrete por delante, hablando de fiestas, copete y drogas... y yo ya estoy en una etapa muy distinta, con otros sueños y otros problemas. Me sentí raro. Distinto. Como si tuviera una enfermedad con la que nadie quisiera toparse. Fue una sensación muy extraña. Tan incómoda, que a veces preferí conversar con la gente más vieja que trabajaba en este lugar, con quienes me sentí más acompañado.
Bueno, de todo lo que he dicho, lo de pelao, es lo que más me tiene afectado. Sabía que este momento iba a llegar, pero lo estaba echando al olvido. Tanto que me ha costado aceptarme a mí mismo, y ahora más encima empezar todo de nuevo. No hay derecho.
Lo peor de todo es que dicen que los pelaos tienen plata y fortuna, y ese no es mi caso tampoco. Al contrario, me lleno y me lleno de deudas que no se acaban. No sé hasta dónde llegará todo esto.
Desafortunadamente, lo hice solo. Es decir, sin ningún miembro de mi familia, ni amigos. Fue una especie de viaje de trabajo, en el que también participaron algunos colegas de otros medios.
Aunque traté de divertirme todo lo que más pude, inevitablemente parte de lo vivido allí me llevó a reflexionar sobre el momento de la vida en que me encuentro.
Está bien. Tengo una familia linda. Soy feliz. Un hijo que juega todos los días conmigo. Y todas esas cosas que muchos de ustedes saben. Con problemas, muchos, al igual que todo el mundo no más. Pero ahora, hice también click en otra cosa. Estoy viejo. Y con eso no tengo nada qué hacer.
Estoy a punto de cumplir 33 años, pero aparento mucho más. Gordo, pesado (más que nunca), odioso y muy serio. Bueno, todo esto no es novedad. Lo que sí me tiene realmente impactado es que me miré en una foto que me sacaron en el lugar y no me reconocí. Ví una persona muy distinta a mí. Sin pelo.
Aterricé de golpe con eso de que ya nada será como antes. En este viaje andaban puros periodistas jóvenes, vigorosos, con harto carrete por delante, hablando de fiestas, copete y drogas... y yo ya estoy en una etapa muy distinta, con otros sueños y otros problemas. Me sentí raro. Distinto. Como si tuviera una enfermedad con la que nadie quisiera toparse. Fue una sensación muy extraña. Tan incómoda, que a veces preferí conversar con la gente más vieja que trabajaba en este lugar, con quienes me sentí más acompañado.
Bueno, de todo lo que he dicho, lo de pelao, es lo que más me tiene afectado. Sabía que este momento iba a llegar, pero lo estaba echando al olvido. Tanto que me ha costado aceptarme a mí mismo, y ahora más encima empezar todo de nuevo. No hay derecho.
Lo peor de todo es que dicen que los pelaos tienen plata y fortuna, y ese no es mi caso tampoco. Al contrario, me lleno y me lleno de deudas que no se acaban. No sé hasta dónde llegará todo esto.
marzo 04, 2008
Mi experiencia con Juno
Hoy día hice un desarreglo. Hace tiempo que no hago algo fuera de lo normal. Salí a almorzar temprano y no tenía nada qué hacer. Me dio un poco de flojera volver tan luego al trabajo... eran apenas las 13:30, así que decidí ir al cine. Total, me queda al frente de la oficina. Lo malo en estos casos en que uno cuenta con un rato disponible es que nunca hay algo que a uno le interese ver. La decisión no era muy dificil... a la misma hora pasaban Mi Mascota es un monstruo... (o algo así) y otra que se llamaba Juno. Me incliné por esta última porque presentí que podía ser menos penca. Menos mal que no me equivoqué. Fueron 110 minutos que disfruté con la experiencia de esta adolescente de 16 años. Me encantó el personaje y su forma de ver la vida. Me gustaría tanto ser un poco como ella. Libre, sin aprensiones, ni temores. Muy racional (en eso sí nos parecemos), con un gran corazón y capaz de tomar decisiones adultas.
El asunto es que a medida que pasaba la historia fui recorriendo imagenes de mi vida. Pero no porque haya pasado por una situación parecida. Afortunadamente nunca quedé embarazado en la adolescencia. Si no más bien porque había flash de imágenes que me hicieron recordar pasajes hermosos de mi vida. Una pequeña lágrima salió de uno de mis ojos cuando ví nacer a su hijo. Me llevó al momento mismo en que nació mi Benjamín y me dieron más ganas de besarlo y acurrucarlo en mis brazos, aunque ya casi ni quepa.
Pero mientras veía la película no sólo ví eso. También pensé en muchas cosas. Como en lo bien que a veces me hace salir solo. El tener un tiempito para mí solito y no tener que estar preocupado de nada. Pensé en la Mariela. En lo terrible que debe ser para ella estar en la casa todos los días y cuidando a nuestro hijo. Pensé en que hace tiempo que no le digo "te quiero" con la fuerza que lo hacía antes. Y reflexioné. Qué bueno es estar solo derepente para poder darse cuenta de lo valiosa que es la gente que está al lado de uno. Así que decidí que esta noche le susurraré alguna cosa bonita al oido. Como antes. A ver si me perdona por lo alejado que he estado.
El asunto es que a medida que pasaba la historia fui recorriendo imagenes de mi vida. Pero no porque haya pasado por una situación parecida. Afortunadamente nunca quedé embarazado en la adolescencia. Si no más bien porque había flash de imágenes que me hicieron recordar pasajes hermosos de mi vida. Una pequeña lágrima salió de uno de mis ojos cuando ví nacer a su hijo. Me llevó al momento mismo en que nació mi Benjamín y me dieron más ganas de besarlo y acurrucarlo en mis brazos, aunque ya casi ni quepa.
Pero mientras veía la película no sólo ví eso. También pensé en muchas cosas. Como en lo bien que a veces me hace salir solo. El tener un tiempito para mí solito y no tener que estar preocupado de nada. Pensé en la Mariela. En lo terrible que debe ser para ella estar en la casa todos los días y cuidando a nuestro hijo. Pensé en que hace tiempo que no le digo "te quiero" con la fuerza que lo hacía antes. Y reflexioné. Qué bueno es estar solo derepente para poder darse cuenta de lo valiosa que es la gente que está al lado de uno. Así que decidí que esta noche le susurraré alguna cosa bonita al oido. Como antes. A ver si me perdona por lo alejado que he estado.
diciembre 21, 2007
El año en cifras
Algunos dirán que con lo que se me ocurrió escribir voy a dejar en evidencia que estoy "shalado" y "pegado" con la pega... y puede que tengan un poco de razón, pero mal que mal, la pega me da de comer todos los días y me ha permitido lograr bastantes cosas... así que tan malo el asunto no es.
Lo que quiero hacer es una especie de balance. No sé si será con números rojos o azules. Eso puede quedar a la interpretación de cada uno, aunque a priori creo que está más que azul. Digamos que de un azul tan oscuro que llega a ser negro, como el sueter que usabamos para ir al colegio (al liceo en mi caso). En lenguaje coloquial alguien podría decir "puta que tiene suerte este gueón... siempre le resultan todas las cosas". Pero según yo, es mucho más que suerte. Es una construcción de cosas, como hace un arquitecto... una persona a quien quiero mucho alguna vez me dijo que uno es el arquitecto de su propio destino, y bajo esa premisa ha girado mi forma de ver la vida. Y parece que ha resultado. Aunque a veces me he dado cuenta también que esto puede tener algo de orgullo, por el lado de que me gusta hacer las cosas solo, sin tener que pedirle nada a nadie. No sé.
Casi siempre hago esto sólo en forma mental. Todos los años, cuando el reloj está casi a punto de dar la medianoche el 31 de diciembre. Religiosamente me doy aunque sea un minuto para pensar qué fue lo bueno y lo malo del año. Y este año, como me han pasado tantas cosas, da casi para hacer literatura. Así que se me ocurrió escribir todo para dejar testimonio de lo agradecido que estoy.
Con propiedad puedo decir entonces:
-Que mi nucleo familiar se expandió en un 50%, pues el número de integrantes subió de 2 a tres.
-Que el cariño y amor de familia este año ha crecido por lo menos en esa misma cifra, aunque yo creo que más, pues tengo la absoluta certeza que mi bella esposa me ama aún más que antes, y ahora también tengo el cariño de mi Benjamín, que todos los días vibra cada vez que me ve.
-Que creo que este año logré elevar la cantidad de llamados a mi mamá, y aunque todavía no nos contamos muchas cosas, creció por lo menos en un 40% la complicididad en algunos temas.
-Que sin temor a equivocarme, este año crecí por lo menos un 25% como persona. Aunque algunos no crean, he aprendido muchas cosas nuevas.
-Que soy un 10% menos intolerante que antes. Está bien. Lo reconozco. Es muy poco para todo un año, pero les juro que he hecho el intento.
-Que sigo siendo igual de gruñón y pesado a veces. En eso no he podido avanzar mucho. Sorry.
-Que este año crecí como un 10% en volumen (para adelante, para atrás y para todos lados). Pero me quedo tranquilo porque ya estoy trabajando en eso. Voy a ser tan esbelto como cuando tenía 15 años. Es mi meta este año. En un mes ya he bajado como un 5%. Felicítenme.
-Que en el aspecto profesional el balance remuneracional se incrementó al menos en 50%. No es malo. Considerando que son sólo 12 meses.
-Que mi experiencia en lo laboral también creció por lo menos un 30%. Después de cuatro años en un mismo lugar, fui capaz de emigrar a otra pega, y sólo seis meses más tarde pasar al papel couché. Tampoco es malo.
-Que mi suerte monetaria extra laboral... es decir los ingresos que me encuentro botados por causa de la buena suerte bajaron considerablemente este año. No me encontré tanta plata botada en la calle. De lo más que me acuerdo, fue de la luca que flotaba a mi lado en La Herradura, en mis vacaciones pasadas.
-Que sigo siendo bueno y cercano. El apelativo "amiguito" me persigue por las pegas donde he llegado.
-Que soy un 20% menos bipolar que antes. Que he aprendido a no guardarme cosas, por lo tanto soy un 50% más directo.
-Que en el año descubrí que soy un 60% más garabatero. Es más rico decir garabatos.
-Que mis sonrisas aumentaron por lo menos un 50% este año.
-Que Dios se ha portado más que bien conmigo este año. Nos regaló un angelito, nos cuidó de los peligros, de las enfermedades, nos dio mucho cariño a través de otras personas y ahora más encima nos está cumpliendo el sueño de la casa propia... ohhhhhh.
Y se me ocurren un montón de cosas más, pero para no latearlos lo dejo hasta aquí.
¿Qué más puedo pedir?
Lo que quiero hacer es una especie de balance. No sé si será con números rojos o azules. Eso puede quedar a la interpretación de cada uno, aunque a priori creo que está más que azul. Digamos que de un azul tan oscuro que llega a ser negro, como el sueter que usabamos para ir al colegio (al liceo en mi caso). En lenguaje coloquial alguien podría decir "puta que tiene suerte este gueón... siempre le resultan todas las cosas". Pero según yo, es mucho más que suerte. Es una construcción de cosas, como hace un arquitecto... una persona a quien quiero mucho alguna vez me dijo que uno es el arquitecto de su propio destino, y bajo esa premisa ha girado mi forma de ver la vida. Y parece que ha resultado. Aunque a veces me he dado cuenta también que esto puede tener algo de orgullo, por el lado de que me gusta hacer las cosas solo, sin tener que pedirle nada a nadie. No sé.
Casi siempre hago esto sólo en forma mental. Todos los años, cuando el reloj está casi a punto de dar la medianoche el 31 de diciembre. Religiosamente me doy aunque sea un minuto para pensar qué fue lo bueno y lo malo del año. Y este año, como me han pasado tantas cosas, da casi para hacer literatura. Así que se me ocurrió escribir todo para dejar testimonio de lo agradecido que estoy.
Con propiedad puedo decir entonces:
-Que mi nucleo familiar se expandió en un 50%, pues el número de integrantes subió de 2 a tres.
-Que el cariño y amor de familia este año ha crecido por lo menos en esa misma cifra, aunque yo creo que más, pues tengo la absoluta certeza que mi bella esposa me ama aún más que antes, y ahora también tengo el cariño de mi Benjamín, que todos los días vibra cada vez que me ve.
-Que creo que este año logré elevar la cantidad de llamados a mi mamá, y aunque todavía no nos contamos muchas cosas, creció por lo menos en un 40% la complicididad en algunos temas.
-Que sin temor a equivocarme, este año crecí por lo menos un 25% como persona. Aunque algunos no crean, he aprendido muchas cosas nuevas.
-Que soy un 10% menos intolerante que antes. Está bien. Lo reconozco. Es muy poco para todo un año, pero les juro que he hecho el intento.
-Que sigo siendo igual de gruñón y pesado a veces. En eso no he podido avanzar mucho. Sorry.
-Que este año crecí como un 10% en volumen (para adelante, para atrás y para todos lados). Pero me quedo tranquilo porque ya estoy trabajando en eso. Voy a ser tan esbelto como cuando tenía 15 años. Es mi meta este año. En un mes ya he bajado como un 5%. Felicítenme.
-Que en el aspecto profesional el balance remuneracional se incrementó al menos en 50%. No es malo. Considerando que son sólo 12 meses.
-Que mi experiencia en lo laboral también creció por lo menos un 30%. Después de cuatro años en un mismo lugar, fui capaz de emigrar a otra pega, y sólo seis meses más tarde pasar al papel couché. Tampoco es malo.
-Que mi suerte monetaria extra laboral... es decir los ingresos que me encuentro botados por causa de la buena suerte bajaron considerablemente este año. No me encontré tanta plata botada en la calle. De lo más que me acuerdo, fue de la luca que flotaba a mi lado en La Herradura, en mis vacaciones pasadas.
-Que sigo siendo bueno y cercano. El apelativo "amiguito" me persigue por las pegas donde he llegado.
-Que soy un 20% menos bipolar que antes. Que he aprendido a no guardarme cosas, por lo tanto soy un 50% más directo.
-Que en el año descubrí que soy un 60% más garabatero. Es más rico decir garabatos.
-Que mis sonrisas aumentaron por lo menos un 50% este año.
-Que Dios se ha portado más que bien conmigo este año. Nos regaló un angelito, nos cuidó de los peligros, de las enfermedades, nos dio mucho cariño a través de otras personas y ahora más encima nos está cumpliendo el sueño de la casa propia... ohhhhhh.
Y se me ocurren un montón de cosas más, pero para no latearlos lo dejo hasta aquí.
¿Qué más puedo pedir?
octubre 30, 2007
¿Somos más modernos?

Ayer estuve conversando con un colega de trabajo sobre la incapacidad de la gente joven en tomar decisiones. Tengo casos muy cercanos de personas entre 20 y 25 años que están todavía sin una meta ni objetivo claro en la vida. Viviendo el día a día, sin ni siquiera pensar en un desafío que les quite el sueño, por que claro, lo tienen todo: están viviendo al ámparo de la familia, tienen sus cositas limpias y planchadas, sin gastos de nada, y lo mejor, la comida caliente todo el tiempo. ¿Pero se han puesto a pensar lo que será de sus vidas en 20 o 30 años? Nada. Ni siquiera se cuestionan, como uno, cómo podrían vivir o enfrentar la dureza de la vida. Es una generación distinta, que literalmente es ajena a los abatares propios del crecimiento. Que no está interesada en nada... aunque les pasara por arriba un auto, seguirían tan mutis como siempre...
me cuesta entender... Sobre todo, porque existe gente al otro extremo, como yo y muchos otros, que han entendido que hay sacrificarse y buscar las oportunidades, porque solas no llegan.
Y no es sólo en ese plano. Porque hay otros más creciditos que, aunque tienen un rumbo profesional claro no saben o no quieren enfrentarse a otras metas y desafíos. Por ejemplo el caso de varios amigos que conviven desde hace harto tiempo, y que no saben qué responder cuando uno les pregunte qué diferencia hay entre estar así y no casados... siempre me ha inquietado eso. Creo que es una inconsencuencia tremenda, pero es su vida. Alguien me dijo ayer que era un convencido de que la gente que estaba en esa situación era porque en realidad no estaban felices con su pareja. Fuerte. Y me acordé de varios nombres. Le encontré toda la razón... no están felices, creen que todavía pueden encontrar algo mejor, entonces mejor no me caso. Ese debe ser el razonamiento. Pero que triste. Estar buscando eternamente algo mejorcito, porque lo que tenemos no termina de convencernos. No sé.
Lo dejo como inquietud.
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